20/01/2001.-

 

Son muchos los debates sociales pendientes. Asuntos que en las tertulias de los ciudadanos tienen su espacio y no acaban encontrando cauces concretos que los hagan de dominio público. Es necesario posibilitar el debate sobre aspectos que nos conciernen a todos y que influyen directamente sobre la sociedad. Recientemente el gobierno autonómico vasco ha presentado un plan de natalidad. En un extenso articulo de prensa local se aducía a las distintas dudas que despertaba el mismo. Pero no pueden ser dudas únicamente de carácter económico, las que asaltan a cualquiera que tenga una mínima visión de conjunto. Innumerables expertos y corrientes de psicología coinciden en señalar la importancia absoluta que la infancia tiene para el futuro desarrollo de la persona. Tener un hijo, formarlo y educarlo, cubrir todas sus necesidades equilibrando las materiales con otras mucho más fundamentales en lo que a labor formadora se refiere, es uno de los mayores actos de amor, y por tanto, de responsabilidad que se enfrentan en la vida. Nos vamos a referir aquí al tipo de familia que se conforma en occidente, la familia nuclear. Existen otros tantos modelos y experiencias, pero debemos partir sobre la base familiar que en principio, funciona y se constituye en toda Europa, sin obviar que no es el único modelo ni necesariamente el más legitimo. Fuera de toda duda, es el más rentable para el sistema. Una individualización y atomización de los bienes de consumo y servicios, evita una mayor colectivización y optimización de los mismos, generando una mayor demanda. Todo tiene su orden y concierto, nada es casual para el sistema.

 

ATENCIÓN DE CALIDAD Y NUTRICIÓN EMOCIONAL

Una atención de calidad requiere no sólo una cualificación técnica sino una correcta nutrición emocional para el niño. Trato de hacer comprender hasta qué punto es importante dedicar tiempo, o dicho de otra manera, que el tiempo que se le dedique al niño se le dé la atención de calidad suficiente, para que este niño crezca sano, con todas sus necesidades cubiertas, dando especial relevancia a las más vitales, las que ayudan a las personas a ubicarse en el mundo, a manejarse con autoestima, equilibrio, armonía, conciencia de la propia dignidad y la de los otros. Y esto sólo es posible mediante el encuentro y el espacio de comunicación natural que se debe habilitar en base a los lazos paterno-maternos, que para el niño son de vital importancia. Llegados a este punto, es realmente drámatico observar en el plan de Lakua esa idea de guarderías abiertas durante doce horas. Un niño necesita estar tiempo con sus padres. Corremos el riesgo de convertir las guarderias en aparcamientos en donde se estacionan a los niños para poder hacer cómodamente nuestras cosas, al igual que molesta y nos quita tiempo un atasco o buscar aparcamiento. Para avalar lo hasta ahora expuesto no es necesario echar mano a estudios más o menos estadísticos. Cabe la realista y concreta posibilidad de que cada lector haga un repaso a su experiencia como niño que fue, y dentro de una escala de valores, qué carencia destacaría como la más importante, o cuáles son los valores que desearía inculcar a sus hijos, cómo quisieran ser observados en un futuro por sus hijos, en qué manera quiere ser suficientemente consciente para educar integralmente a su hijo, sin proyectar sobre él los deseos y anhelos propios no realizados, promoviendo en el niño un equilibrio consciente de la libertad y su propio grado de responsabilidad, etc.

 

Cuando nos referimos a la necesaria nutrición emocional, abordamos uno de los aspectos y necesidades que en el niño, su ausencia y carencia generará importantes desarreglos de conducta y comportamiento en un futuro. El adulto es esclavo en infinitud de aspectos, de las heridas y vacíos del pasado. El no haberse sentido un niño querido - o como bien apuntan las teorías de Harvey Jackins – el no haber sentido cubiertas las necesidades más basicas ( necesidades congeladas, en sus postulados sobre reevaluación), va a suponer un lastre muy costoso para la conducta de esa persona en un futuro. El que hoy es niño desatentido será un adulto que estará condicionado por todas esas carencias, por las dinámicas educativas que establezcamos ( dinámicas de castigo / premio, no potenciación de sus cualidades y excesiva minusvaloración y no aprobación ) que quedará grabada en la psiquis del niño . Tener un hijo requiere asumir la calidad de atención que ese niño ha de recibir. Y la calidad no puede medirse tratándose de seres emocionales, en base únicamente a la resolución de las necesidades materiales de alimento, hogar, etc. Un niño más que esas playeras de marca de a 20.000ptas el par, pagadas a base de horas extras, lo que nos está pidiendo es auxilio, un abrazo afectivo, poder refugiarse en una madre y un padre cuando le asaltan las dudas frente a la vida y el mundo, un contacto físico directo y cercano para romper el aislamiento que siente frente a un mundo competitivo, despiadado, en donde tener es más importante que ser. Y no nos engañemos, porque frente al sistema, son los niños los más vulnerables. Son esponjas que reproducen lo que ven a su alrededor. Se guían por el ejemplo, y así es como en sus relaciones con el resto de compañeros, temen ser menospreciados si no visten esa prenda de marca concreta. Lamentablemente, si ese niño quiere ser aceptado es en lo material en donde encuentra en esta sociedad de consumo su identificación con el grupo y su valoración y aceptación como ser digno. Y lo es porque priman esos valores y son los que se promocionan ante sus ojos. La presión social es fuerte en ese sentido. Si a todo lo anterior añadimos el vacío afectivo y educacional de padres/parejas astiadas y agobiadas en seguir trabajando para cubrir, entre otros, los tremendos gastos que las prendas y los caprichos del niño generan, cerramos el circulo. Caprichos que vienen a suplir otras carencias, la soledad del niño, y como cabe analizar, las propias servidumbres que genera el contexto en el que lo toca crecer y vivir al niño.

 

EL SISTEMA COMO CAUSA DEL CAOS FAMILIAR

El niño tiene de todo. ¿ Todo?. Sí, en lo material lo tiene todo. Cabe preguntarse si todo lo que tiene realmente lo necesita, y si sus verdaderas necesidades sin cubrir no son las que confunden al niño introduciéndolo en un estado de ansiedad permanente, de hiperactividad, en una constante necesidad de llamar la atención por los medios que sean necesarios. Los niños de hoy tienen todo y es así como no lo saben valorar, no les costó nada conseguirlo, es gratis para ellos. Nadie les puso el límite, ni les indicó lo que cuestan las cosas. Padres que sufrieron carencias materiales se vuelcan compulsivamente en que sus hijos reciban sin límite. ¿ Qué pasa con la necesaria atención frente a los conflictos que vive el niño en la vida? ¿ Qué espacios encuentra de comunicación, de valoración y transmisión de valores, de contacto emocional y afectivo?. A ello sumamos otra dificultad a añadir. Quien no recibe afecto, amor y cariño, no sabe ni esta preparado para darlo. Es un analfabeto emocional, desconoce todo ese lenguaje y campo comunicativo/emocional, y no sabe manejar su responsabilidad hacia los hijos en una correcta función nutricia de las necesidades que todo niño tiene.

Todo lo planteado anteriormente evidentemente es un gran reto. Todas las estructuras sociales y los hábitos están destinados a cumplir con la lógica capitalista, cuya función principal es la implantación final de sus valores mercantiles. Se trata de suplir las verdaderas necesidades humanas, con pseudonecesidades, todas ellas materiales. Reconducir todas estas carencias emocionales e identitarias hacia el consumo, la productividad, la riqueza económica. En ella encontramos solución a nuestro vacío, llenandonos de cosas, tapando, subliminando nuestras carencias, ya desde niños. Describir un día de la vida cotidiana es lo suficientemente gráfico para tomar conciencia del drama al que nos referimos. Padres y madres en las fábricas y en las correas productivas, como buenos obreros, o productores. En el poco ocio del que se dispone, hay que seguir trabajando para el capital, esta vez como consumidores. Los niños en las escuelas, a los que se instruirá a competir sanamente, a ser lo más inteligentes posibles ( en realidad eficaces y eficientes al precio que sea necesario), para que rindan el día de mañana como ingenieros, arquitectos, abogados, tecnócratas, burócratas. Cuando los padres derrengados llegan a casa o todos permanecen en silencio frente al televisor, jugando al zapping-movil o conectados a un ordenador. En resumidas cuentas, alimentándose del mensaje secular que nos recuerda qué libres, autónomos, sensuales, bellos y triunfadores somos mientras continuemos comprando y consumiendo día tras día. El niño se acerca a pedir las zapatillas de marca. El niño se pone pesadito. El padre está alienado, cansado, la madre ha discutido con su jefe, al poco tiempo no hay nada que hacer, se le prometen esas zapatillas. A la semana siguiente pedirá una videoconsola. Y todo seguirá su curso. El niño solo y aislado, los padres cansados y sin tiempo para pensar en el crio pesado que los consume a caprichos, el sistema feliz.

ESCUELA SOCIAL E INTERCAMBIO RECIPROCO

 

Debemos tomar consciencia hasta qué punto, este asunto que forma parte de un todo, es de vital importancia en la sociedad actual, en la capacidad transformadora que todo sujeto tiene para con los patrones de comportamiento y vivencia que el sistema ha ido generando, intencionalmente o sintomáticamente. Capacidad que se va a concretar en el convivir diario con el hijo. Sabemos que es duro ese papel. Las contradicciones que se generan, el papel de espejo que puede jugar el niño, los desajustes de coherencia propia para con lo que pretendemos inculcar de valores y ética a la criatura que tanto queremos. Pero puede ser una gran oportunidad superar la dicotomía de padre/ hijo, maestro/alumno, para erigir una oportunidad común de aprendizaje, convertir nuestras casas en pequeñas escuelas sociales en donde el aprendizaje e intercambio es mutuo. Muchos internacionalistas que fueron con la intención de enseñar a otros pueblos y de darse y entregarse en la causa de los pueblos, se encontraron con que los que realmente volvían transformados y habían aprendido y recibido grandes lecciones eran ellos. Quizás en la educación de los hijos los esfuerzos y exigencias que precisa un compromiso utopico de paternidad responsable, ayuden a posibilitar ese crecimiento recíproco. Deberían potenciarse, por tanto, todas las medidas necesarias para formar padres preparados y conscientes – tan importantes como las guarderías lo son las escuelas de padres – para que puedan asumir el importante reto de criar niños queridos, equilibrados y formados social y humanísticamente. Yo personalmente tuve la suerte de recibir en gran medida este tipo de educación y formación, algo que ha compensado enormemente a pesar del esfuerzo realizado por quienes me tuvieron a su cargo. Les estaré siempre agradecido. No se trata de ser padres perfectos, ni de caer en un purismo insano. Lo verdaderamente importante en mi humilde opinión, es ser padres conscientes y responsables.